jueves, 26 de febrero de 2015

Culo roto. Historia de un desvirgue.

Amigos, les cuento que a mi me rompió el culo (literalmente) a los 12 añitos, mi tío, quien por entonces tenía 29 y una verga enorme de 20 por casi 6 cmts, muy cabezona, por cierto.

Yo era un niño despertando a la adolescencia con un hermoso culo blanco y cachetón. A demás era de lindos rasgos, rubio y de ojos verdes muy claros. A decir verdad era un hermoso pendejo con una fuerte tendencia gay y mi tío me calentaba terriblemente.

Él era soltero y tenía su depto en los fondos de nuestra casa.

En verano, yo tenía por costumbre ir a dormir la siesta con él. En realidad el que dormía era él. Yo esperaba ansiosamente a que se durmiera para hacer mi ritual de olerle la verga a través de la bragueta entreabierta de su calzoncillo esperando que se abriera más y me permitiera vérsela y hasta llegar a rozarla con los labios cuando, dormido, tenía una erección y entonces, la fiesta era completa ya que la podía ver en toda su plenitud, o lo que a mi me parecía toda su plenitud (cómo me equivocaba ja ja ja!!!!).

Una tarde, estaba yo oliéndosela cuando él se despertó y me sorprendió. Yo me puse colorado como un tomate y no sabía que decir, pero él, sin sorprenderse demasiado me preguntó directamente si me gustaba. Yo le respondí que no estaba seguro (mentía), a lo que él me respondió con una sonrisa y me invitó a que se la tocara garantizándome que todo aquello sería un secreto entre los dos. Yo se la empecé a acariciar suavemente y en unos segundos se le puso enorme. Jamás se la había visto tan grande. Me tomó suavemente la cabeza y me llevó la boca hacia su enorme cabezona. Se la empecé a chupar, primero tímidamente y al rato ya me la tragaba toda hasta hacerme dar arcadas de lo grande que la tenía. Luego de un buen rato, mi tío me propuso hacer un 69, yo chupándole la verga y él chupándome el orto. No les puedo explicar con palabras lo que me hizo sentir. 

El corazón me explotaba en el pecho y lo único que quería era tener su pija en el culo. Por fin no aguanté más y le pedí que me cogiera. Él me preguntó si estaba seguro y yo se lo volví a pedir por favor. Así que me hizo poner boca abajo y me cruzó una almohada debajo de la cadera para que mi cola quedara bien parada y abierta. En esa pose me siguió chupando el orto hasta que le rogué que me la metiera. Él se echó una escupida en la mano para lubricarse la cabezona y por primera vez me la apoyó en la puerta de mi colita todavía virgen. Yo empecé a proyectar el culo hacia él desesperado por sentirla adentro, pero él me frenaba diciéndome que no me apurara ya que la tenía muy grande y no me quería lastimar. Empezó a moverse suavemente jugándomela en redondo para que mi culo se dilatara y de tanto en tanto empujaba un poquito. 

Aquello me gustaba enormemente pero con cada empujoncito me dolía cada vez más. No obstante, gemía un poquito o daba un gritito y él se detenía y empezaba otra vez de a poquito. Así fueron varios intentos, pero como mi ojete no se abría lo suficiente ni para que entrara el aro o corona de su cabeza,me hizo poner en 4 patas y me dijo que empezara a moverme yo solo, que él se quedaría quieto. A todo ésto, pasó su mano hacia adelante, me agarró la pija y empezó a pajearme suavemente, y me pidió que ni bien sintiera que iba yo a acabar, se lo dijera. Mientras él me pajeaba yo me calentaba más y más y proyectaba mi culo tratando de que su verga entrara en mi ojete. De hecho, aunque me dolía ya no me importaba, la calentura era demasiado grande y solo quería tenerla toda adentro. En una de mis embestidas sentí un ardor intenso que me hizo pegar un grito. El gran aro de su cabezona había atravesado por fin el estrecho anillo de mi ojete.

 El dolor me paralizó un momento y hasta estuve tentado de pedirle que la sacara, pero él me dijo que no tuviera miedo, que aquello era normal, que me relajara y continuara moviéndome suavemente. Mientras me decía todo ésto me acariciaba con suavidad y solo con la yema de sus dedos las nalgas y el arco de mi espalda y se inclinaba sobre mí para darme dulces lamidas en el cuello y las orejas que me hacían erizar de placer y me animaban a seguir a delante. Seguí moviéndome ya con la cabeza de su verga dentro de mi culo hasta que en un momento dado comencé a sentir que iba a acabar. En ese mismo momento y mientras yo le gritaba: "Ay, tío! Acabo, acabo, acabo!!!!!", aprovechando mi orgasmo inminente, me tomó fuertemente de los hombros y pegando un gran empujón, me la mandó toda adentro hasta los huevos!!! Lancé un grito, mezcla de placer y gran dolor, todo junto, al tiempo que empezaba a eyacular leche a chorros sobre la cama. 

Él me tapó la boca con su mano para sofocar mi grito y ya con toda su enorme verga dentro mío siguió bombeando a full haciendo caso omiso de mis gemidos que, ya una vez pasado el orgasmo, se transformaron en llanto de dolor y súplica para que me la sacara que podía emitir apenas ya que él me mantenía con la boca tapada con su fuerte mano mientras trataba de consolarme diciéndome que no me asustara, que ya estaba toda adentro, que ya me había desvirgado y que ahora ya era su hembrita para siempre. Por fin, con un grito entrecortado de placer infinito y clavándomela hasta el fondo, empezó a acabar llenándome el culo de leche, la cual, con cada bombeada, rebalsaba de mi orto y goteaba sobre la cama. Cuando terminó de bombear, exhausto, cayó con todo su peso sobre mí que quedé obviamente debajo, con su poronga todavía latiendo dentro mío.

Yo seguía llorisqueando y pidiéndole que me la sacara rápido porque sentía que me cagaba. Me la sacó del culo y corrí al baño. Todavía no se cómo llegué al inodoro. Era como si me hubiesen hecho un enema. Como se imaginarán, yo no estaba preparado como para ser penetrado así que salió de todo y, obviamente, bastante sangre que me asustó muchísimo al igual que la enorme dilatación con la que había quedado mi ojete, por lo que, aterrado lo llamé a mi tío para que viniera al baño. Él vino enseguida, me hizo mostrarle el culo roto y me tranquilizó diciéndome que todo era normal y que a partir de ahora cada encuentro iba a ser distinto y totalmente placentero para los dos. Me hizo lavar en el bidé un buen rato y después me puso un pañuelo como si fuera un apósito femenino y me dijo que no tuviera miedo, que él había desvirgado varios culos y que después todo volvía a la normalidad. Que no le dijera nada a nadie y que cualquier duda que tuviera la hablara solo con él. De modo que yo sí puedo decir que me rompieron bien el culo. De hecho, durante varios días me siguió doliendo y me sangraba cuando hacía caca. Pero, de a poco, el dolor fue desapareciendo, el culo dejó de sangrar y lo que volvió a full fue la calentura de todo lo vivido aquella tarde de mi debut.

Durante más de una semana, ni me aparecí por el depto de mi tío, pero él sí venía a mi casa con cualquier excusa para verme y cuando no había nadie merodeando me preguntaba en voz baja cómo estaba o cómo me sentía.
Por fin, a las dos semanas más o menos la calentura se hizo incontrolable y volví junto a mi macho para "dormir" la siesta.
Desde ya, sus promesas no fueron tan como él me lo había contado. Su verga era demasiado grande y las primeras relaciones fueron casi todas con final de "bandera roja", pero ya no me importaba. Era tanto lo que me hacía gozar que no me importaba tener que pagarlo con un poco de dolor y sangre. Obviamente, como ya después no solo cogíamos a la hora de la siesta sino cada vez que teníamos la oportunidad, lo cual era bastante seguido por el hecho de vivir tan cerca el uno del otro, mi culo se hizo a su medida y ya me lo bancaba sin problemas en todas las poses habidas y por haber.
Con él aprendí y viví todo lo que se puede vivir en pareja con otro hombre (siempre en mi rol de pasivo, claro está). Fui su hembra hasta mis 18 años. Luego, él se casó, ya grande y no muy enamorado según creo yo y se fue a vivir al interior del país.

Nuestra relación, hasta el día de la fecha, sigue existiendo ya sea que yo viaje a donde él vive con su flia. o que él venga de visita a Buenos Aires. Por lo menos cada dos o tres meses me sigue cogiendo, aún con 17 años de diferencia, el macho que me desvirgó.

Ariel

martes, 24 de febrero de 2015

Los últimos homosexuales.


Si por alguno de esos extraños fenómenos que sólo ocurren en Hollywood, un joven gay porteño despertase una mañana en la década del setenta y otro joven homosexual de aquellos años ocupase su lugar en 2011, ambos se encontrarían con mundos irreconocibles.
Dejemos de lado, por esta vez, todas esas cosas que Hollywood pondría de relieve: la música, la tecnología, la ropa, los modelos de los autos. Imaginemos al joven setentista descubriendo el matrimonio igualitario, las marchas del orgullo y los boliches gay (y gay friendly, con gays y heterosexueles bailando juntos en la misma pista),  y viendo, con asombro, por la calle, a una pareja de adolescentes del mismo sexo dándose un beso en la parada del colectivo, en la esquina de la escuela y con un policía pasando cerca sin decir nada.  Probablemente, sería como para un negro de la Alabama de los ’50, cansado de ocupar los asientos de atrás de los colectivos, despertar una mañana en nuestro tiempo y descubrir que el presidente de su país es Barack Obama. Imaginemos, como contracara, qué sería de nuestro joven contemporáneo en plena dictadura, descubriendo que todos los lugares de socialización que conoció no existen más (en realidad, todavía) y que en vez de chats, boliches y saunas, los mejores lugares para conocer a otros como él son las “teteras”, ubicadas principalmente en los baños públicos de algunas estaciones de tren, donde tiene que cuidarse de la policía. Imaginémoslo descubriendo que sus padres no saben más que es gay —ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo, ni casi nadie— y que, si lo supieran, no sólo no invitarían a su novio a cenar a casa sino que tampoco lo invitarían a él y, probablemente, lo considerarían la peor vergüenza de la familia. Imaginémoslo descubriendo la vida en la clandestinidad.
Durante larguísimo tiempo, el mundo fue más o menos igual para los homosexuales: estigma, maltrato, persecución policial, vergüenza, culpa, violencia, ocultamiento. Si el joven homosexual de los setenta despertase en los cincuenta o en los treinta no notaría grandes diferencias — dejando de lado la parte que le interesa a Hollywood. Pero lo que cambió en las últimas décadas fue tan grande que se trata de otro mundo, antes inimaginable. Parece faltar cada vez menos para que se descubra que, como dice Osvaldo Bazán, la homosexualidad no es nada.
Ahora salgamos de la ficción. Imaginemos todo sucediendo en tiempo real. Hay una generación que vivió los dos mundos; son los últimos homosexuales, que vieron pasar Stonewall, la epidemia del sida (cuando era, aún, la peste rosa), la salida del armario, las primeras marchas del orgullo con máscaras para tapar el rostro, Carlos Jáuregui, la apertura de los primeros boliches gay, el fin de los edictos policiales y las razzias, la lucha por los derechos civiles y una presidenta mujer promulgando en la Casa Rosada una ley que dice que se pueden casar. Esos últimos homosexuales, que tienen hoy más de cuarenta y vivieron en Buenos Aires, por lo menos, desde el fin de la dictadura, constituyen el “corpus” del brillante estudio sociológico de Ernesto Meccia. ¿Cómo vivieron todo lo que pasó? ¿Qué piensan de este presente en el que les toca vivir? ¿Es todo color de rosa?
Uno podría, al principio, pensar que sí. Que, contrariando la máxima reaccionaria de Jorge Manrique, todo tiempo pasado fue peor. Pero este mundo no llega sólo con buenas noticias. Las transformaciones radicales que se produjeron en las últimas décadas, y sobre todo en la última, en lo que Meccia describe como un tránsito de la homosexualidad a la gaycidad, arrasaron con todo eso que, bien o mal, era el mundo en el que sabían vivir, con sus lugares, sus códigos, sus lenguajes, sus solidaridades. 
A partir de una serie de entrevistas, analizadas en profundidad, Meccia nos presenta a esos últimos homosexuales con sus alegrías y tristezas, en lo que la reconocida socióloga Dora Barrancos llama “una sociología de la humillación y sus secuelas”, y nos cuenta cómo ven el presente y cómo recuerdan el pasado.
“‘¿Cómo es posible que no veas lo que yo veo?’, imagino que podrían decirse para sus adentros tanto los homosexuales como los gays cuando se escuchan. Unos narrando el mundo de las teteras, de los baldíos, de las detenciones policiales, de un mundo de diez cuadras donde caminar para conseguir un encuentro sexual afortunado, de las expulsiones del trabajo, del comming out tardío o imposible (según el lugar), de los padres que se murieron sin saber (al menos de su boca) que era homosexual, delcomming out obligado en los tiempos del sida, de amigos muertos, de cines pornográficos con olor embriagante a sexo y orina. Los otros hablando de las redes sociales de Internet, de la cantidad de filtros que pudo poner para cerciorarse de que la persona que ha conocido no sea un criminal, de los saunas en los que se puede fornicar acostado, luego ducharse y después ver un DVD en pantalla plana, de boliches bailables mixtos, de fiestas friendly y de que sus padres llamaron a una organización gay para saber cómo tenían que hacer para hablar con él, porque querían apoyarlo, una vez que habían advertido que era gay”, escribe Meccia sobre el imaginario no-diálogo entre dos habitantes de ambos mundos.
Los últimos homosexuales” fue publicado por ediciones Gran Aldea, como el primer libro del mismo autor, “La cuestión gay”. Y se lee con ganas. Sin perder la rigurosidad del estudio sociológico, evita el lenguaje encriptado en academiqués y mantiene la tensión que no permite largarlo hasta la última página. Una obra que no puede faltar en tu biblioteca.
Bruno Bimbi

domingo, 22 de febrero de 2015

Tomando medidas: te gusta mi pija?

A todos los Pasivos con los que estuve siempre les gustó mi Pija. Y lo decían concretamente: -“me gusta tu pija”, o “¡que rica tu pija!”.

Cuando les increpaba de que seguramente se lo decían a todos los Machos con los que hayan estado, me respondían con absoluta sinceridad que no. Entonces empecé a pensar que verdaderamente la anatomía de mi Pito daba gusto a los Pasivos y su sabor era rico a su paladar.

Gracias a ello siempre gocé de las mejores mamadas, porque cuando a un Pasivo le gusta la Pija se prende solito y te saca hasta la última gota.

De manera que la forma fálica del Pito de un Macho puede llegar a ser mas que importante a la hora de nuestro éxito con los Pasivos.

Esta hipótesis puede sustentarse en la descabellada idea (darwinista), de que los Machos con el Pito agraciado con cualidades apreciables por los Pasivos es un Macho con mayores posibilidades de tener más coito y con mayor cantidad de Pasivos. Es decir, pura selección natural muchachos.

Cuando a un Pasivo le gusta tu Pija y le gusta cómo cogés, te va a solicitar seguido para que le hagas el “service”; esto puede significar tener un verdadero harén con el cual sacarte las ganas cuando tengas ganas. ¡Y créanme! ese harén los va a seguir solicitando incluso cuando estén fielmente en pareja, por lo que deberán resistir la tentación.

Muchos pensarán que esto es una pelotudéz… puede ser. Lo cierto es que somos animales pensantes, y en una cultura patriarcal y machista el poder simbólico del falo no es un rasgo insignificante.

Hay estudios que demuestran que, entre las personas igualmente competentes, las lindas tienen más éxito. Entonces no es tan chiflado pensar que lo que te cuelga entre las piernas pueda llegar a influir en tus amantes a la hora del sexo y que tu éxito con ellos, dependerá en mayor o menor medida de la forma y las proporciones de tu Miembro.

Mariano Sepúlveda

sábado, 21 de febrero de 2015

Mi pija publicada .. Osky


Hola! Soy Osky de San Justo. Masculino, versátil con ganas de encontrar chicos de la zona para pasarla bien. Dejen skype o whatsapp.

jueves, 19 de febrero de 2015

Conoces a ... Carlos??


Hola devuelta, aca les habla carlos perez de 19 años. Soy de capital federal. Me encanta este blog y me encanta pajearme leyendo sus historias. Me encanta la pijaaaa! Les dejo mi skype para que nos divirtamos un poco. Skype: carlos.perez5585
Saludos en la chota y pijazos !

miércoles, 18 de febrero de 2015

Histeriqueos en red. Morir en lo virtual...

Por Ale K - Leo algunos comentarios de la nota "Para divertirnos un poco... paja... sin histeriqueos"
y se me ocurre pensar en las veces que sale a relucir el tema del histeriqueo en el consultorio...

Si nos abocamos a lo meramente académico, el término “histérico” antecede a la psicología en la historia. Ya la palabra era utilizada por Hipócrates y deriva de “Hysterós” -útero- explicado como una serie de síntomas que padecían justamente las mujeres por una mala ubicación del mismo en su cuerpo. Entre los tratamientos se recomendaba casarse. 

En el siglo XVII se consideraba la enfermedad más frecuente después de la fiebre y recién en el siglo XIX fueron los neurólogos los que comenzaron a interesarse en el tema, frente a la cantidad de síntomas que presentaban estos pacientes, sin la posibilidad de atribuirlos a una enfermedad física. 

Fue Freud quien popularizó el término al agregarle el concepto de “conversión” y describir el mecanismo a través del cual conflictos irresueltos, inconscientes, pueden transformarse en síntomas físicos. Este hallazgo implicó el concepto entonces de que el cuerpo puede representar los dramas de la mente. 

En los últimos años, en nuestro país, la palabra mutó a un verbo muy utilizado: “histeriquear” y de allí en más, mil historias vinculadas a una conducta de permanente seducción y mensajes ambiguos, que no concretan nunca la relación amorosa ni la sexual. 

En mi experiencia clinica en la consulta se podría- “definir el histeriqueo como un escarceo de seducción que puede resultar insuficiente, ya que es un juego perverso en el que seducir difícilmente se concreta, y lo que se busca es llamar la atención y alimentar la propia autoestima”. 

Es quizá en este punto donde podamos encontrar varias respuestas a este ‘histeriqueo’: “En una autoestima pobre que necesita de la mirada del otro permanentemente, en las propias inseguridades que llevan a que se actúe un ‘personaje’ en el que se representa lo que ‘debería ser’, y en un miedo profundo a involucrarse con el otro. Si lo encuadramos dentro de los trastornos sexuales, podría clasificarse como un trastorno de la intimidad, es decir la dificultad para establecer relaciones con la persona”. 

Algo para tener en cuenta: “El término utilizado de manera popular tiene que ver con la falta de compromiso afectivo, la tendencia a lo rápido que no requiera mayores esfuerzos que una prudente distancia de seducción. Una relación verdadera implica esfuerzo, trabajo, lidiar con emociones que se van complejizando. Algo que muchos temen, aunque en el fondo lo deseen”. De esta forma miedo e histeria se unen para imperdir conocer al otro. 

Algo que se escucha mucho en el consultorio es que: “A la hora de los bifes no pasa nada”, confiesa Germán, un joven quiosquero capitalino de 29 años y detalla su caso: “Tanto en lo sexual como en concretar la relación pasa igual. Lo peor de todo es que se vuelve enfermizo, ya que el pibe me termina por gustar cada vez más, se convierte una obsesión. Veo fotos, las que mas me llaman la atención es la de los flacos en bolas cuando por fin liberan las fotos en MH. Aunque a mi me gustan más los perfiles que tienen las fotos liberadas –dice- Me dí cuenta que estos son más de ir al frente".
 


Esto no es terreno exclusivo del ambiente gay, Adrían, médico de profesión también cuenta que esta es situación ocurre en sus filas:  desde hace dos meses con una chica que conocí en el cumpleaños de un amigo. Si bien hemos transado y he salido con ella a comer, en el momento de querer tener sexo, o de juntarnos de nuevo para conocerla más, siempre tiene algún ‘pero’. Lo peor es que mientras más se niega, más me gusta, va y viene, pero no llego a ningún lado”. 

La delgada línea roja 

Como un disco rayado. Así se vuelve el rulo infinito del histeriqueo, una constante de comportamiento. 

“Podría decirse que se cae en la patología, en función del daño que este tipo de conductas van a producir en la persona que la presenta, o en el otro. La mayor dificultad en estas situaciones es que quienes reconocen el problema y piden ayuda suelen ser las ‘víctimas’, no los histéricos que pueden permanecer mucho tiempo en este modelo de relación. Quien sufre es la potencial pareja, que interpreta las señales del otro como de acercamiento y que recibe finalmente una respuesta frustrante de rechazo. En el devenir del tiempo, el o la histérico/a, probablemente van a darse cuenta de su limitación para establecer relaciones afectivas”. 

Sin embargo, estas actitudes también consiguen despertar todo tipo de sentimientos encontrados. 

Carlos tiene 25 años, estudia la carrera de Derecho y aunque desea desde hace mucho conocer a alguien, se autodefine como “víctima del sistema”. Y cuenta su experiencia: “Casi todos los fines de semana voy a un boliche. Hace como seis meses conocí a un flaco de 36 años que va a levantar minas nada más. Yo lo sé, lo tuve claro desde que estuvimos juntos una noche. Pero desde entonces suele aparecer con mensajes de texto y un ‘hola’, o llamados de madrugada para saber si estoy disponible, como si le interesara, pero si le contesto no me da bola ¿Qué onda? ¿Ni siquiera para tener relaciones son claros o les da miedo que ver dos veces a la misma persona pueda ser peligroso para su carencia de compromiso afectivo?” 

Desde este lugar, lo sexual y lo histérico suelen encontrarse ligados en el imaginario popular, ya que como lo que se envían son mensajes de seducción, se piensa que la relación debe culminar, para ser completa, en una relación sexual. Y como ésta no se concreta y se frustra, se frustra también la sexualidad. 

¿Histérico yo? 

También el chat parecería confabular histriónico desde el teclado, para flirtear cómodamente histeriqueando aquí y allá, sin más límites que la web. 

Algo que todos aprovechan por el perfil anónimo del contacto. 

Pablo es estudiante de psicología, tiene 27 años y desde hace un tiempo ha llegado a odiar Internet. “Para mí es la fiesta del histeriqueo. Cero contacto real con la persona que le asegura a la histérica que está del otro lado, tenerte a las idas y vueltas. El histeriqueo es bueno si es moderado y termina bien. Uno ‘juega’ a decirse cosas indirectas pero cuando estás enfrente de la persona les cambia el chip o ‘si te he visto no me acuerdo’. Yo me cansé de una chica que si bien me encantaba, evidentemente tiene un problema”. 

No obstante, tampoco se puede hablar de un apogeo del histeriqueo. tal vez y como apuntan los especialistas sea frecuente en ciertos ambientes o se confundan estas conductas con el juego real de la seducción. 

El término histeriqueo se usa vulgarmente en su acepción de dejar pagando al otro, de generar una expectativa y dejar en suspenso, en un juego de seducción infantil de escondidas donde nadie se deja atrapar y siempre hay uno que corre al otro para no poder alcanzarlo. 

El tema es mucho más profundo de lo que parece y salta a la vista porque el histérico en su posición lo que hace es dejar el deseo del otro insatisfecho, pero no por voluntad propia sino por una imposibilidad de hacerse cargo de su deseo propio. 

Todo lo deseado es lo temido y de eso uno se escapa cuando se hace insoportable al yo y aparece la angustia que alerta de que algo no se puede sos-tener. (Ni sos ni tenés el falo) 
Entrar en el juego este acarrea serios trastornos porque hay que diferenciar el tema de hacerse el/la interesante del no poder interesar-se/te por el otro. 

El histérico frustra y en esa acción que no pasa al acto deja impotente al que quiere entrar en su mundo o intenta acercarse, hace barrar el deseo del otro y le dice si pero no, un si a medias que no calza en su pie porque nunca se lo deja probar y no hay horma que le convenga. 
Es el eterno juego del gato con el ratón donde no se come ni deja comer y el queso no lo tiene ninguno. 

El histérico vive intentando ilusoriamente que es otro quien va a entrar y ese otro nunca llega y es autoengaño pensar que va a lograrlo. En ese sentido se miente y engaña para ocultar su fracaso y su ocaso. Te la muestro un poquito, pero no te la voy a dar... 


Ale K


* Ale K es licenciado en Psicología y Abogado (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión. Trabaja con pacientes HIV, con parejas y varones gays.
Es comunicador radial distinguido por divulgar la cultura lgtb. 
*Tratamientos analíticos: Individuales adolescentes y adultos; parejas y grupos. 
Solicitar entrevista o comunicarte con él  escribile a su mail.

Teteras... Biblioteca del Senado

Hola a todos. Solo quería hacer un aporte a esta sección, espero sea útil.

Muchas veces voy a la Biblioteca del Senado (en diagonal al Congreso, por H. Yrigoyen), y me dí cuenta de que el baño reúne las condiciones ideales para ser un lugar de encuentro.

1- no va nadie, nunca hay nadie. La biblioteca es gigante, con espacio para mucha gente, pero (no me extraña) no es un lugar concurrido.

2- los baños están ubicados al final de un pasillo de distancia considerable y muy amplio (un plus: las pisadas hacen eco)

3- el baño en sí está dividido en dos, lavatorio y espejos por un lado y mejitorios por el otro. El espacio es tal que cuando se oye la puerta abrirse, hay tiempo para disimular perfectamente (calculando desde los mejitorios).

4- el lugar es muy silencioso, por lo que cualquier ruidito es fácilmente detectado. (puerta, pisadas...)

Me parece que este espacio calificaría como tetera... Va mucha gente de afuera...

Ojalá los intelectuales fueran más cachondos.. jajaja!!

Tulipán

Homosexualidad e insensibilidad.

Sexo con amor o sin él? Qué resulta más placentero? Comprometerse sentimentalmente con alguien o una aventura pasajera? Hay tantas opiniones y puntos de vista como personas existen. Lo cierto es que desde mis inicios sexuales - no hace mucho- hasta la actualidad he empezado ha notar que si bien la insensibilidad no es patrimonio exclusivo de la comunidad gay, sí alcanza su punto más álgido en ella. A qué llamo insensibilidad? A acostarse ocasionalmente con otra persona sin que ni si quiera te importe conocer su nombre, su historia de vida, qué siente ni que piensa. 

Todo se reduce a un encuentro fugaz donde ambos satisfacen una necesidad sexual y terminado el acto si te he visto no me acuerdo. Los sentimientos aquí parecen estar de más: son un estorbo, algo cursi e innecesario. Esta práctica suele verse intensificada por actitudes de distanciamiento y hasta desprecio durante el transcurso de dicho encuentro. Muchos se rehúsan a besar en la boca, insultar por lo bajo, jalar del cabello y desentenderse fácil y rápidamente del compañero sexual. Lugares como baños públicos, cines y saunas son por excelencia los lugares perfectos para esta clase de encuentros donde el desinterés hacia el otro como ser humano se vuelve notorio y nada quiere más nada con nadie.

   Hasta aquí nada del otro mundo. Siempre existió y existirá el sexo vacío y fugaz. Es aceptable y sí ambas personas aceptan las reglas del juego y deciden jugarlo sin salir lastimados no parece haber mayores problemas. El tema en cuestión es cuando alguno de los tiene expectativas diferentes el uno sobre el otro y al no cumplirlas cae en la frustración. Aunque parezca MENTIRA mucha gente (y me incluyo) hemos debutado y todavía concurrimos a las famosas teteras con la ilusión errónea de..." tal vez, en una de esas, quizás, por qué no?"...etc, encontrar alguien especial que sí quiera darnos un beso en la oca, acariciarnos y hasta incluso intentar formar una relación allá fuera, en el difícil y extenuante mundo exterior.

Y a veces aparece ese alguien especial que parece ser como la flor que crece en el pantano. Pero la mayoría de las veces no: "- Chupá, puto! Chupá" , nos dicen en el mejor de los casos con nuestra cabeza metida entre las piernas de un perfecto desconocido que luego de acabar desaparecerá tan fugazmente como apareció y posiblemente no sabremos nada más de él.

   Separar el corazón de la cama parece ser la consigna entonces. No generarse falsas expectativas ni buscar en contextos equivocados satisfacer necesidades espirituales y sentimentales que no tienen razón de ser allí; que a nadie les importa.

Pero... la INSENSIBILIDAD... esa maldita insensibilidad... el sentirse que no valés nada para el otro, que no le importás más que para eso... no duele? No te hace sintir mal y vacío al fin y al cabo? A mí sí: siempre me quedo con ganas de algo más: un beso, un abrazo, una palabra tal vez. Posiblemente sea un tonto.
Pero cansa... Resulta frustrante  ser un cacho de carne con dos ojos y más nada que eso. Puede llegar a excitar al principio: dos tipos de pie en un cine y yo arrodillado practicándoles sexo oral mientras te dicen cosas sucias. No soy un santo: el morbo está. Pero quiero ser sólo eso o quiero también ser para alguien algo más. Insensibilidad, crueldad y desgano hacia el otro son la otra cara del sexo gay ocasional que lamentablemente no parece ser patrimonio exclusivo de las teteras sino que se extiende hacia otros ámbitos sociales.
Ese desinterés hacia el otro y el no compromiso puede ser la fuente máxima de placer para aquellos que no quieren más que sexo pero para otros como yo que tenemos una visión un poco más romántica de las cosas, puede llegar a convertirse en un disparador de autoreproches, angustias y frustraciones.

  En conclusión, el sexo vacío y ocasional no es para cualquiera. Implica resignar valores, creencias y hasta aceptar rebajarse en pos de una satisfacción carnal. Las almas sensibles suelen sufrir en el camino y luego de varios tropezones y caídas, quizás con el tiempo, mutan y se convierten en fuertes e insensibles, luego de curtirse en el campo de batalla. Es todo un proceso: el bajarse y luego subirse la bragueta sin sentir el más mínimo interés por en que tenemos enfrente suele ser una tarea sencilla para algunos así como demasiado difícil para otros.
Y siempre una constante: la maldita insensibilidad.
                     

Damián V, 29 años, Moreno. 

sábado, 14 de febrero de 2015

Feliz San Velentin!



Para todos los que creen en el amor...

Intervención Homofobia. Triple Standard


Homofobia desde dentro del mismo ambiente gay, cuando los que discriminan son los mismos que se acuestan con otros hombres. 
Crim , D., Stanley y varios de sus amigos , después de un intenso juego de baloncesto están bromeando en el vestuario cuando un gesto pícaro por Stanley , es devuelto con una letanía homofóbico por Crim . Crim reacciona de mas cuando empuja Stanley los armarios. 
Uno de sus compañeros parece mas afectado que los demas, por el ataque de Crim . Miradas indiscretas con D., e inconsolables tormentas Crim va dejando D. para hacer frente a una realidad que no ha estado dispuesto a  enfrentar. Cuando D. llega a la casa para la cena de esa noche se empieza a armar el rompecabezas , ya que se revela cada vez más que D. y Crim son y de hecho han sido, amantes - por años. 
El diálogo que se produce entre D y Crim saca a la luz tanto la falta de conexión pública y privada que se produce en el mundo de los atletas dentro del closet que , debido a la fama , la fortuna y la cultura se ven obligados a luchar, a menudo batallas solitarias feroces que aceptar y vivir con lo que realmente son .

viernes, 13 de febrero de 2015

TETERAS DATA: 3 por Zona Sur

Paso a dar mi experiencia por zona sur, soy de Lanus (24 años) y estuve recorriendo y encontré 3 nuevas teteras super recomendables.

1- Baño de Mc Donald Lanus:  En H. Yrigoyen, al lado de Pigmento, se encuentra el Mc, ahi puede ser un poco chico pero se puede chupar tranquilamente.

2- Baños de Coto Lanus:  El que está por Rivadavia 2602 esq. Warnes, podemos entrar directamente al baño del supermercado, nada de vigilancia, podes chupar tranquilamente.

3- Baños del estacionamiento de Coto Temperley (Av. Hipólito Yrigoyen 10699)  
EL MEJOR  !!!!! :  En el subsuelo, estacionamiento se puede hacer de todo, el baño es super amplio, nada de vigilancia  y los box son hasta el piso, se puede cojer tranquilamente.

Espero que les sirva, a mi me encanta ir tipo 14 o 19 que es cuando mas gente va, cualquier cosa avisan y vamos.

SKYPE: PAJEROPORLANUS

martes, 10 de febrero de 2015

Para divertirnos un poco... paja... sin histeriqueos.

video

Un amigo de contactossex y yo estábamos de paja mostrando atributos a ver si enganchábamos algo, le pregunte si tenia 10 min para un poco de leche en común , me dijo venite a casa y así de simple, sin histeriqueos, yo 80% hetero, me encantan las minas, pero a una pija de tamaño decente no le digo que no al juego (virgo del orto), prefiero depiladas como la mia, pero bueno, este pibe esta cerca de casa tamaño decente así que me mande.
El resultado esta a la vista linda acabada mutua.

JorgeF


sábado, 7 de febrero de 2015

Pastor homofobo con pasado porno... Mi pasado me condena.



Se llama Jose Santiago, y es cura en Puerto Rico. En sus sermones, suele criticar la homosexualidad y afirmar que puede curarse. Y lo dice con “conocimiento” de causa, porque él mismo fue “curado” cuando fue “tocado por Dios”.

Él no sólo era gay, sino que además era actor porno, y respondía al nombre de Gustavo Arrango. Sus vídeos han sido colgados en Internet y, aunque muchos creen que debería dejar la iglesia Monte Santo que regenta, él no está dispuesto a hacerlo.

Dice que en su pasado era gay y que “participaba en actividades homosexuales, pero Dios me tocó, Dios me transformó, Dios me dió una mujer a la que amo y que me ama”. Porque él, ahora, está casado con una mujer.

Afirma que él ya no recibe ningún dinero de esas producciones, y que todo el mundo hace cosas de las que luego se arrepiente. “Esa parte de mi vida ocurrió antes de conocer a Dios”.

José es uno de los fundadores de la Iglesia Monte Santo allá por el 2007, y mientras el profeta ejercía su "ministerio", realizaba su "trabajito" como actor hasta el 2010 en la que participó de su último film de Kristenbjorn: "Tropical Adventure". Su perfil en esa prductora, se pesenta como un joven versátil y con un miembro de 20 cms.

Acá les dejamos a José en acción hoy.



Eduardo T

Secuencia: gozando.





miércoles, 4 de febrero de 2015

Asi te queria tener... ensartado!


Nada mejor que el momento en que tu culo se prepara para mi envestida, vas a sentir como te completo, como te lleno de carne... Sabemos que duele un poco, pero ese dolor es goce y te gusta que te entre, como a mi me gusta entrarte. Nada mejor que mirar tu cara por el espejo cuando mi pija se pierde en tus entrañas. Así te quería tener... ensartado!